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Como todas las mañanas el otro día estaba leyendo la prensa.
Por un lado, está lo del Teletón, que dicen que recaudó $443,341815.
Es que somos tan buenos, dicen.
Es que México siempre se une, dicen.
Gracias a Dios que superé este negro trauma en mi vida, dice siempre Alejandra Guzmán, pero dicen que volvió a decirlo en el Teletón.
Por el otro, la clausura de la Feria Internacional del Libro, a la que asistieron 600,000 sospechosos.
"Aunque la feria no registró ganancias, tampoco tuvo pérdidas", dice la agencia Notimex.
"Vi muy satisfechos a los editores, hubo mucha venta al público, pues observé a la gente salir con bolsas", dice el director de la FIL, cuyo agudo comentario contiene en acto y potencia todos los chistes que se le podrían ocurrir a un servidor.
En el teletón lloró Lucero, que antes era Lucerito y que ahora es Lucero con todo y nuevo corte de cabello estilo Ultra Supersónico.
También Marco Antonio Regil demostró lo valiosos que somos los mexicanos al raparse.
Aparecieron por ahí Eva Longoria, que siempre me ha parecido bastante insípida, y Kirsten Dunst, con quien me casaría ahora mismo si ella me lo pidiera, a pesar de sus vestidos cortineros.
En la feria del libro estuvo José Emilio Pachecho, quien está a punto de recibir el premio trimestral que al parecer los jurados de los premios literarios del planeta han decidido concederle.
Lo entrevistó Xavier Velasco, maestro en el arte de la contra-cool-tura.
Aparecieron también "500 autores e intelectuales" (qué bien que distingan), ninguno de los cuales se rapó, ni lloró (aunque dicen que JEP amagó), ni agradeció a dios por haber superado algún trauma en su vida.
El teletón duró un par de días. La feria del libro, del 28 de noviembre al 6 de diciembre.
En el teletón hubo una amenaza de bomba y chorromil cantante de los más diversos tipos, aunque todos se parezcan.
En la feria del libro 1.925 editoriales, cuya venta promedio (si pensamos, siguiendo a su director, que cada zoquete salió con una bolsa y que cada bolsa contenía al menos un libro) fue de 311.6 libros por editorial. Si en cada bolsa había dos libros, la venta fue de 623.2 libros, Si en cada bolsa había tres libros, 934.8.
Es decir, que se necesitaba que cada una de las bolsas llevara tres o más libros para que las ventas promedio de cada editorial doblaran el número de autores e intelectuales invitados.
Lo que necesitamos son estímulos. Me cae que si Volpi y Padilla se rapan, yo sí compro uno de sus libros. Con todo y bolsa, porque el cabello de ambos podría ocuparse para una buena causa, como cubrir las cada vez más prominentes entradas de Salinas Pliego, o para ponerle un tupido y contra-cool-tural bigote a Xavier Velasco.
Luego puede salir Fuentes a decir que su última novela es la más ambiciosa de todas las novelas que escribió en el año, y contar que se le ocurrió en la sala VIP del algún aeropuerto mientras padecía el horror de un vuelo con retraso. Si llora, también compro su libro. Lo complicado sería saber si tengo que pedir doble bolsa o con una sola basta para subir las ventas.
El teletón cumplió otra vez con su meta, lo que significa que tendremos que soportar otra nueva emisión el año entrante.
Mientras tanto, la feria del libro ya se prepara para anunciar el lanzamiento de su nuevo concurso, que busca unificar el diseño de las bolsas de todas las editoriales.
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Durante algún tiempo me he aficionado a los avisos personales. Ya saben, tipo Hombre busca Mujer, Mujer busca Hombre, Hombre Hombre y Mujer Mujer. Me maravilla la pervivencia del género aun contra toda indicación contraria de la realidad.
Encuentro fuera de toda posibilidad de entendimiento tratar de explicar el comportamiento de X, chica de veintinueve años, según se describe ella misma, cuyo único problema en cuanto a relaciones sentimentales ha sido la mala fortuna. Trabajadora, intensa, hogareña y cariñosa, busca a alguien con quien compartir noches de pijamas y películas, tardes de caminatas y cafés, noches de baile, de vez en vez, porque aunque casera a cualquiera se le antoja la fiesta también. Le encanta hacer reír a las personas, y sólo pide a cambio alguien que le dibuje dos o tres sonrisas cada mañana.
Algo parecido le pasa a Y. Joven profesionista con relativo éxito en su carrera. Buen jefe, buen amigo, buen hijo y mejor hermano, busca una chica linda y trabajadora para compartir las horas libres y, si se da después, claro, la vida. Nada artificial ni forzado quiere Y, más bien algo natural aunque, sí, je, con un poco de ayuda como la de este anuncio. Nada hay de malo con él, un poco tímido solamente, característica que desaparece luego de tomar confianza. Un par de días, quizá, bastarían para descubrir su verdadera naturaleza abierta e incluso bastante extrovertida.
Allí están los dos, X y Y, par de imbéciles, porque en lugar de responder alguno de ellos al aviso del otro, se les ocurre colgar cada uno el suyo en espera de que alguien aparezca. Nada tengo contra la idea de una pareja estable. Mucho menos contra hacer algo para fomentar que eso suceda. Pero ya puestos a lo práctico, ¿no sería más fácil buscar entre la oferta que intentar generar demanda?
Sin embargo, uno de ellos llamó mi atención. Descríbete en tres palabras, tómate una mala foto y envíala a mi correo.
Linda
Cariñosa
Independiente
y le seguía una foto difuminada. Gente rara favor de abstenerse.
No he podido evitar pensar en esa frase final, en esa súplica disfrazada de mandato. Y no decido aún si es que confiamos demasiado en la gente, o muy poco.
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I
Alguna molécula de su ADN se activa cuando se descubren rodeados no ya por diez o quince, sino por apenas dos. O por uno, en cuyo caso el verbo rodear es menos exacto que, por ejemplo, enfrentados, porque así parecen sentirse los gringos cuando se enteran que uno habla español. Como si no lo descubrieran por el acento.
II
Alguna molécula de su ADN se activa, al menos en los lugares donde la civilización sí llegó, porque no me imagino llegar a Nebraska, Arkansas o Montana -lugares todos caracterizados en mi mente como la américa salvaje- y que la gente comience a balbucir (me encanta este desgraciado verbo) a balbucir a balbucir a balbucir palabras que ellos creen cercanas a mi idioma y, peor aún, significantes en cualquier contexto.
III
Es deprimente. En este lugar (insisto, un lugar civilizado) (y lo siento por mi hermano, que vive en Texas) (¿qué pedo con Texas?) es imposible hablar inglés. Y cuando uno por fin lo logra, cuando te encuentras en una mesa llena de holandeses y sólo tú y por fortuna la persona que tienes a tu izquierda no conocen ese idioma piensas, por fin, por fin podré hablar en inglés un rato, pero fulanita de tal comienza la plática y te dice, "guuuuuaaaaauuuu, ¿are you mexican? I would never have guessed you were mexican, muy bueno, muy bueno, ay caramba"
IV
Total que yo nunca sé cómo tomar cuando me dice la gente que no habrían adivinado que yo soy mexicano. Una vez una muy ebria me dijo que parecía indio. Luego, me dijeron francés. Español. Italiano. Una italiana me dijo que por la forma como pronunciaba la "e" sin duda era mexicano (¿?) Ésta, la de la cena del viernes, me dijo que tal vez chileno, o argentino, como si ella pudiera reconocer esa diferencia. Y claro, yo preferiría ser chileno a argentino, porque yo insisto e insistiré en que las chilenas se llevan de calle a su competencia del otro lado de la cordillera.
V
Abreviar. El viernes saliendo de un cine club la que resulta que se ha convertido en mi mejor amiga me dice anda acompáñame por favor no quiero estar sola con gente que no conozco y yo pregunto por qué vas entonces y ella me dice tú sabes por qué voy te pasa lo mismo con los mexicanos. Y allí estamos, ella conviviendo con sus compatriotas y yo escuchando cómo la gringa de mi izquierda dice muy bueno y ay caramba. Yo creo que les damos miedo. Se intimidan y balbucen y balbucen y balbucen lo primero que se les ocurre para demostrar que ellos no tienen la culpa de lo jodidos que estamos.
Uno de mis más recientes placeres consiste en la lectura puntual y atenta de los comentarios que los siempre avispados lectores le hacen a Carlos Loret de Mola en la versión electrónica de El Universal. Le llueve porque sí, porque no y porque quién sabe. De maneras absurdas, cuando los detractores se esfuerzan, pero la mayoría de las veces bajo argumentaciones inexistentes.Siempre, frente al monitor, recuerdo los buenos viejos tiempos cuando el Rufián y yo, cada lunes, leíamos las sandeces que escribía José Luis Cuevas. La diferencia, claro, era que lo de Cuevas sí era una afrenta contra cualquier moral, por baja y relajada que fuera. En esa época, creo, no teníamos la oportunidad de mentarle la madre sistemáticamente al renombrado artista. Los diarios aún aún no explotaban lo evidente: cuando en una discusión hay dos mexicanos, siempre habrá tres posiciones encontradas. Al menos, porque al final, cuando alguien se da cuenta, lo que empezó sobre política internacional terminó sobre la posibilidad de que Nery acabe de arruinar a las Chivas (por cierto: sí, que lo contraten).En serio, cuando Loret no escribe, me deprimo. Ignoro si en La Jornada se puede comentar. Lo ignoro porque no la leo y porque si se pudiera sería muy aburrido ver como los marcianos están de acuerdo con los otros marcianos que escriben. En el Reforma nadie se pelea, son todos muy propios, aunque de vez en cuando algún locuaz se destrenza y pone algo como: "son todos unos feos tontos", firma Puto. En cambio El Universal lo tiene todo, desde Loret de Mola hasta la sección donde salen chicas con poca ropa.Supongo que todo es muy parecido a los baños públicos. Nunca falla. El escusado que está más cerca de la puerta es siempre el más limpio.-
No hay duda de que La Vida, así con mayúsculas, nos sorprende cada día. Y es que no somos nada, pienso cada día, cuando camino por las calles, cuando me baño, cuando camino por las calles luego de bañarme, o antes. Tantas posibilidades. Todo parece igual y, de repente, cuando uno imagina el escenario totalmente inverosímil, imposible incluso, ahí está el diario que nos informa que José Emilio Pacheco va a recibir otro premio de poesía, así con minúsculas, o que Alejandra Guzmán está superando otra de sus crisis que la han hecho darse cuenta, de nuevo, de cuánto ama la vida y de cuánto vale como ser humano. Este fin de semana recordé que tenía una antología con cien canciones de Cri-Cri. No he escuchado otra cosa desde el viernes. Entonces no puedo evitar comparar eso que escucho y que me hipnotiza y eso que leo y que me ofende. Quizá el problema es que desechamos demasiado pronto nuestra capacidad de sorpresa. Olvidamos con insistencia -como si eso fuera posible- lo sorprendente que pueden ser algunas cosas y nos conformamos con la estupidez de otras.