miércoles 8 de julio de 2009

Perspectivas

Desde que pisé de vuelta tierras mexicanas con la idea de pasar un verano divertido, explosivo, diferente, envalentonado, y un largo etcétera que a un mes de haber llegado ya no merece atención sino lástima, la gente se ha dedicado a ofrecerme las más diversas y honestas perspectivas de mi persona. Recuerdo al vuelo las siguientes:

-¡Caray, estás más alto!
-¿No te parece que engordaste unos tres o cuatro kilos?
-Te noto diferente, ¿será que adelgazaste?
-Oye, has estado haciendo ejercicio, ¿verdad?
-Te ves más viejo
-Como que tienes la voz más grave
-Regresaste muy serio

Ahora mismo escribo en un estado que ejemplifica y resume a la perfección mis casi treinta día de estancia: infección intestinal severa, cuerpo cortado, dolor de cabeza y mareos. Antes de eso, padecía de ganas de escapar. Antes de eso, de ansiedad por el futuro. Pero ya nada importa, porque ya tengo un plan que empieza ahora mismo con este punto final.

Bueno, no, porque todavía falta el párrafo donde enlazo las opiniones de la gente con mi plan y en donde, magistral y líricamente concluyo que todo está de la madre y de paso hago un chiste irrespetuoso.

Ahora sí

jueves 25 de junio de 2009

Metabolizador lento

I
Hay cierta clase de gente que siente un extraño placer en presumir cosas que no ha hecho, gente a la que apenas conoce, logros ajenos. Entre las variantes de estos cretinos están los que suponen que los médicos, los estilistas, los taqueros,los taxistas (largo etcétera) que conocen son los mejores, y que al frecuentarlos adquieren cierta superioridad sobre el otro resto de cretinos que no va con esos mismo médicos, estilistas, taqueros y taxistas. Es una vulgaridad. ¿Por qué nadie dice, por ejemplo, "deberías salir con mi novia, es buenísima onda", o "te recomiendo a mi novio para un fin de semana en cuernavaca, verás que acabas toda relajada"? Pero no, lejos de ocultar la información que les otroga dicha superioridad, la publican cual si hablaran del último número de la revista de chismes y moda.

II
La de mi dentista y la mía es una relación muy parecida a la de varios matrimonios: aunque distante y tensa, nos mantiene unidos un vínculo apenas perceptible para los demás. De ninguna manera se me ocurriría decir que es el mejor del planeta, pues estoy seguro de que su paso por la universidad fue tan gris como su profesión. Tampoco diría que es el más responsable, pues sé de buena fuente que retrasa lo que puede el pago mensual del consultorio a pesar de lo poco amable de sus tarifas. Jamás lo recomendaría para nada y si tolero su presencia es porque el verdadero paciente de los dos es él, pues de todos los que he visitado, ha sido el único capaz de tolerar mi alta tolerancia al poder de las anestesias; además, claro, de mi intransigente odio por su forma de vida.

III
-¿Por qué no te quieres sacar las muelas del juicio?
-Pues porque ya dijiste que la operación está difícil.
-Pero es necesario.
-Dame una buena razón y te pago la operación de contado.
-Pues porque se te acumula sarro y comida.
-¿Esa es tu buena razón?
-Pues yo soy tu doctor y te lo estoy recomendando.
-Ora, ora, la última vez que vine me dijiste que tenía siete caries y ya no regresé. Eso fue hace año y medio. Ahora sales con que sólo tengo cuatro. A lo mejor si me espero otros tres o cuatro años las muelas implotan o se autoconsumen de manera gratuita.
-Pues tú sabrás, yo ya te dije.

IV
¿De dónde les vendrá la manía porque les llamemos doctores? ¿Es que alguno de nosotros ha llamado molesto a la delegación y ha dicho: "mire señorita, ya me tienen harto, lo que yo necesito es que venga un camión lleno de doctores para que tapen y aplanen mi calle"? No lo creo, pero sí que hacia al final de la vida la del dentista debe ser una profesión que pague poco. Si no existieran los cajeros de banco, sería la peor y más aburrida de todas, aunque los sigue salvando ese ingenuo y poco pulido placer por el dolor ajeno.

domingo 14 de junio de 2009

Música de fondo II

Estamos aburridos. Muy aburridos. Aburridísimos. Por eso nunca pasa nada mientras todo está pasando. Por eso una radiodifusora local puede pasarse un día entero tocando las mejores ciento cinco punto siete canciones de los últimos veinte años de rock mexicano con comentarios del tipo:

a: Y bueno, la número cuarenta y tres es de Ely Guerra. ¿Cómo ves?
b: Ps no sé, igual yo pensé que estaría en un mejor lugar
a: O en uno peor
b: Sí, igual y uno peor
a: Pero en fin, es la número cuarenta y tres y hay que ponerla, ¿cómo ves?
b: Sí, hay que ponerla. Ely Guerra
a: Cámara.

Pero no es lo peor que puedan hacerlo, sino que lo hacen y que la gente llama y vota y se emociona porque hay una canción que ni a unidad llega(¿y me pregunto si habrán pasado completa la que ocupa la posición ciento cinto punto siete) y porque Café Tacuba quedó en primer lugar.

Estamos aburridos y por eso nos encantan los programas de chismes y las telenovelas, por eso nos exitamos con Ninel Conde y nos informamos con López Dóriga o, también por eso, nos negamos y mejor leemos la combativa columna de Julio Hernández López y tenemos sueños húmedos con quien sea la fantasía sexual de la izquierda comprometida mexicana (¿Ana Colchero?, ¿Elenita?, ¿María Rojo?, dios mío).

Da igual, porque estamos aburridos, y por eso cada semana los de primerplano y los de tercer grado analizan una noticia nueva y da lo mismo que sean niños muertos, o expresidentes hablando mal de expresidentes, porque a la otra semana hay una mejor o peor según se mire el vaso. Porque estamos muy aburridos nos gusta insultar a la selección (pinches inútiles) y por eso sacamos del retiro a C. Blanco y lo vestimos de verde otra vez y provocamos esa lamentable anagnórisis que se produce al reconocer que en su vuelta al mundo de los vivos se concentra todo el aburrimiento del país.

Estamos aburridos hasta del aburrimiento. Por eso grandes escritoras como G. Loaeza y L. Esquivel aspiran a puestos de elección popular, o grandes deportistas como A. G. Guevara (con su grupo de expertos aunque nadie sepa expertos en qué) y C. Hermosillo. Nos aburre aburrirnos y buscamos medios para alcanzar un aburrimiento en tercer grado (en el que nos aburra la idea de que nos aburre el aburrimiento), gracias al cual la política se nos resbale, la corrupción se nos olvide, la violencia no nos preocupe y el calor no nos abrume.

Lo que necesitamos no es otro eslogan, sino un buen café.

viernes 12 de junio de 2009

Música de fondo

¿Estás lista para el verano? Este verano, vientre plano. Suave como el amor de mi mámá. Recupera la juventud de tu rostro desde el primer momento. Cada vez que despiertasla vida despierta contigo. Acuérdate: si es grasoso es granoso. Puede que sea joven, pero no soy tonta. Disculpen, chicas, ¿se mezclaron los colores o se quedaron en los sesentas? Yo soy doctor, y aunque no lo creas he tenido lombrices. Si contestaste que sí a alguna de las anteriores preguntas, seguro que tienes la próstata inflamada. ¡Basta de calcetines y regalos típicos! La nueva forma de registrar tu nombre en internet. Visita el Cañón del Sumidero, nominado como una de las siete maravillas naturales del Mundo. Vota libre. Acciones para ayudar a la gente. Así sí. Hoy venta noctura: hasta veinte por ciento de descuento y dieciocho mensualidades o, si lo prefiere, treinta por ciento de descuento y seis mensualidades. Pon en marcha las emociones de mamá y papá. Es hora de consentir a papá. Obtén días gratis en internet...

jueves 11 de junio de 2009

Estampas de un día en el aire

I
-Puede ser que alguno de sus vuelos esté sobrevendido. ¿Le interesaría posponer su viaje a cambio de boletos de primera clase?
-Como que "puede ser" y como que "alguno". ¿Cuál es el que está sobrevendido?
-Bueno, mire, puede ser que alguno lo esté, sólo necesito saber si usted estaría dispuesto a cambiar de día a cambio de boletos de primera clase.
-Puede ser que me interese, señorita.
-¿Entonces quiere cambiar de día?
-Tal vez.
-¿Quiere o no?
-Puede ser que sí.
-¿Le parece gracioso esto?
-No señorita, pero si usted no me da información, yo tampoco lo haré.
-Muy bien, aquí tiene su pasaje de abordar y que tenga un buen viaje.

II
Diez de junio, en el asiento diez (en ambos vuelos) y con hora de llegada a México al diez para las diez de la noche. Volar evidencia lo peor de mí mismo. Me vuelvo tonto, y basta una conjunción de números para amedrentar el terror que siento por los aviones. Para amedrentarlo, pero no para desaparecerlo, porque sigo pensando que, más que el despegue, el aterrizaje es un acto de soberbia pura. No sólo comprobamos que hemos vencido y superado nuestra naturaleza terrenal, si no que exigimos un lugar de vuelta en ella cada vez que nos da la gana. Cada vez que aterrizo experimento, en pago por esa soberbia, un trauma similar al resultado de la suma del parto y de una visita al banco.

III
A veces la imbecilidad entra disfrazada de responsabilidad laboral: "Estimados pasajeros, me permito recordarles que estamos experimentando turbulencias severas. Gracias".

IV
Al llegar, recuerdo por qué odio tanto esta ciudad y por qué la extraño tanto.

lunes 1 de junio de 2009

New York City

¿Te acuerdas cuando mi padre nos llevaba a visitar el Museo de Historia Natural de Chapultepec con aquella enfebrecida frecuencia? ¿Te aburriste alguna vez? ¿Recuerdas el terror que me inspiraba aquel dinosaurio y cómo ustedes me animaban a cruzar bajo sus largas y esqueléticas patas, o la fascinación que te producía cuanto bicho disecado hubiera? O fue solo una visita y mi memoria la ha convertido, frustada, en una actividad cotidiana. Quizá pase lo mismo con los pocos recuerdos que tengo de nuestra infancia y entonces sólo una vez intenté salvarte de una pelea en la escuela, y sólo una vez presencié, contra los diez pesos que había apostado, cómo le dejaste el ojo morado a un hijo de puta que te jodía en los recreos.

Hoy soñé contigo. Me recosté a leer en el sillón que te sirvió de cama hace un par de semanas y me quedé dormido. No visitamos juntos el Museo de Historia Natural en NYC, pero me seguirá pareciendo motivo de terapia que la primera vez que cada uno estuvo por su lado allí se haya preocupado por estar allí. En el sueño sí fuimos. Estábamos, además, en un videojuego. Teníamos las reglamantarias tres vidas. Había fantasmas de dinosaurios que, al tocarte tres veces, te quitaban una. Tú estabas tenso y, fingiendo lo que he fingido siempre, te dije que yo tenía controlado el problema y que no te preocuparas. Al final me petrifiqué y fuiste tú el que me hizo pasar por entre las patas del monstruo que amenazaba con echarme del juego.

Ya crecimos, hermano. Ya estamos lejos de aquel cuarto que un día inundaste de talco, y del parque donde nos persiguió un iracundo enjambre de abejas por intentar destruir su panal, y del mercado donde comprábamos helados color limón radiactivo. Pero a los dos nos ganó la infancia y no sé si hayas notado que, al final, decidimos multiplicar y revivir aquellos días en que jugábamos a ser músicos y aquellas noches en que, sentados frente al tocadiscos, una voz ajena nos contaba historias de magos, hechizeros y princesas.

sábado 30 de mayo de 2009

Desde el país de Nunca Jamás

Contrario al tópico, de niño yo no quería ser bombero, ni policía, ni jugador de fútbol, ni estrella de rock, ni soldado, ni médico, ni presidente, ni inspector de aduanas, ni dentista. Yo no quería ser nada de eso, porque estaba muy ocupado siendo niño. Cuando llegó el momento de tomar decisiones, me di cuenta de que el vocacional fue un temor que nunca me había quitado el sueño. Desde hace diez años que entré al mundo laboral he sido varias cosas, desde mesero hasta profesor universitario (y les ahorro el chiste, no hay licenciatura para meseros).

Analizando un poco la situación, lo que noto es un patrón reversible, porque bien podría calificar mi estado actual como infantil. Es cierto que pago renta, luz y gas, pero todavía puedo ir de tenis a trabajar y aunque nunca tuve horarios fijos (salvo el poco tiempo que la hice de office boy), lo que vivo ahora es francamente absurdo. Somos niños, todos, jugando a ser adultos en el campus y dos frases estampadas en dos camisetas ahorran cualquier tratado al respecto: "My life is a very complicated drinking game" y "Graduate student: cause it´s easier than have a real job".

No será para siempre esta vida de niños perdidos, porque a diferencia de algunos por aquí yo quiero regresar justo porque la situación está cada vez peor. Por terco, por el reto quizá, porque muy en el fondo, detrás de la máscara de que nada me importa, creo que por muy poco que haga, hay mucho qué hacer en mi país, y porque aunque ahora soy Peter, muy pronto me convertiré en capitán garfio y, al igual que él, perseguiré una bomba de tiempo que hace mucho tiempo se tragó un cocodrilo mexicano.

Por lo pronto disfruto de las casas en los árboles y la sencillez de pensar en algo feliz para poder volar. En cuatro días terminará lo que ha sido el año más loco de mi existencia y aunque sigo sin entender nada, quizá ya lo esté disfrutando más. Vendrán cosas mejores y peores, pero con un poco de suerte y algunas ganas el que viene será un año aún más loco y más paladeable. Como sea, preparo lo que ya concibo como el mejor regalo que me he dado a mí mismo, porque el martes compraré boletos para el clásico de clásicos, Red Sox contra Yankees, aquí, en lo que a pesar de mis descreidos vaticinios aprendí a llamar casa.

Qué horror esto de estar de optimista...